«La verdad puede más que la razón» (Sófocles). Por ejemplo: si yo creo que una persona nace gay, tienen los mismos derechos que tienen las personas heterosexuales. Entonces, ellos, tienen derecho a casarse (lo cual es equivalente a matrimonio). Esa sería la conclusión lógica.
Sin embargo, Sófocles, para quien «la verdad puede más que la razón», terminaría puntualizando que no vasta que el raciocinio sea coherente. Hay que preguntarse sobre la veracidad de la premisa. De modo que la pregunta veraz sería: ¿Nacen las personas gay? Y la respuesta veraz tendría que ser, por fidelidad a los datos científicos, que «Las personas no nacen gays». Si las personas no nacen gays, la conclusión lógica del anterior párrafo no sería veraz sino una falacia. Por tanto, debería concluirse que «no existe gen gay». Esto es: «nadie nace gay».
Para afirmar aquello, conviene hacer referencia a un proyecto ambicioso que presentó Obama —con una inversión de doscientos millones de dólares—: El Proyecto Genoma Humano, dirigido por el Dr. Francis Collins. Lo resultados a los que arribó este especialista fue determinante, al afirmar que «no hay gen gay».
Por tanto, el debate genético sobre la homosexualidad, planteado en otrora, está completamente descartado. Simplemente, no tiene sentido. De ahí que la Asociación Americana de Psicología (AAP) concluyó definiendo que «la orientación sexual es una atracción» de tipo romántico, sexual, afectivo y emocional que una persona siente en relación a otra.
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